Cartógrafías paganas

El arte urbano hace las paces con el museo

José Miguel Cabrera Kozisek |

El museo siempre fue un lugar para validar el arte, y, en esa dinámica, el grafiti ha estado excluido. Cartografías paganas juega con esa idea de lo profano para poner a más de 40 artistas de Ecuador y Colombia a pintar paredes en el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo de Guayaquil (MAAC).

Curada por María Fernanda López Jaramillo y Juan David Quintero, la muestra intenta establecer una relación que ha sido siempre problemática: los grafiteros y las instituciones.

Casi siempre clandestino, el arte urbano ha sido siempre crítico con el poder y las instituciones. Por eso, el museo no suele ser un lugar para el grafiti, que se practica en espacios públicos, sin permisos y siempre con el riesgo de que llegue la Policía.

“Hay artistas urbanos a los que no les interesa entrar”, dice Quintero, quien agrega que los invitados a Cartografías paganas no necesitan validación, pues se la han ganado en la calle.

Artistas como los colombianos Guache, R, DJLu o Jean-Paul Zapata, o ecuatorianos como BLN Bike, Los Fenómenos, HTM o Gobernantes del Norte son parte de esta muestra que recorre distintas formas de arte urbano, como el muralismo, el stencil o el wild style, expresión caligráfica que en Guayaquil ha tenido historia particular y nombre propio: chapeteo.

Chapeteo

El chapeteo es un interés particular de López, quien ha integrado a la academia en sus investigaciones sobre este tipo de arte. Si bien guarda relación con el wild style, no hay certeza sobre si tiene influencias extranjeras.

López indica que hay distintas vertientes sobre el origen del chapeteo, que en los noventa se hizo parte de la imagen de Guayaquil. Se trata de un abecedario usado para demarcar territorios entre pandillas.

Aunque la academia ha señalado otros posibles orígenes, lo cierto es que se volvió visible en los noventa, a partir de la ola migratoria que separó a cientos de miles de padres de sus hijos. “Los chicos se empezaron a agrupar en pandillas, y nace el chapeteo por la necesidad de hacer una distinción caligráfica”, cuenta López.

Cartografías paganas muestra el trabajo de estos grupos, hoy desarticulados como pandillas, pero que persisten como crews (colectivos).

Uno de esos es GDN (Gobernantes del Norte), formado en 1996 “como un grupo de jóvenes que vive la calle 100%”, dice Daniel Avilés, del crew.

“Hoy nos dedicamos netamente a hacer arte urbano, grafitis, rostros, todo lo que tenga que ver con aerosol, y hemos aprendido a manejar cosas como la aerografía o el pincel”, dice Javier Fajardo.

De la veintena de personas que conforman GDN, Fajardo cuenta que algunos se ganan la vida con actividades artísticas, dedicándose en sus propios talleres a la pintura, escenografías, retratos o incluso elaborando monigotes.

Espacio común

Juan Pablo Vallejo es un artista urbano originario de Zaruma, provincia de El Oro. Pero es más conocido como Ache Vallejo o como HTM, las siglas de “Hazlo tú mismo”.

Formado en la academia, Vallejo se nombró HTM en referencia al espíritu de Mayo del 68, “cuando los jóvenes comenzaron a ver el mundo de forma distinta y han tratado de generar procesos de autonomía, autogestión y equidad, de donde nace el Do It Yourself (hazlo tú mismo)”, explica el artista, que ha desarrollado buena parte de su obra en torno al arte rupestre de su lugar de origen: los pictoglifos.

Conocido también como Ache Vallejo, HTM comulga con la forma en que esos artistas del pasado concebían a zonas como ríos o cuevas: espacios comunes, en oposición a lo que entendemos hoy como públicos o privados.

Por eso cree que el arte urbano sin permiso vale el doble. “Según las Naciones Unidas, las ciudades necesitan 9 m2 de áreas verdes por persona, y nuestras ciudades lo que nos dan es cemento”, explica HTM, quien devuelve el favor marcando su propia versión de petroglifos sobre cemento fresco que él mismo coloca en paredes y pisos de las ciudades que transita.

Equilibrar el género

Hace una década, una artista ecuatoriana estaba en Nueva York haciendo algo parecido a lo que propone Cartografías paganas. Sandra Fabara, más conocida como Lady Pink, grafiteaba las paredes del MoMA.

Es un hito que López cree que merece más valor histórico, y tanto ella como Quintero lo relacionan con la intención de equilibrar el género en la selección de artistas en la muestra.

“Queremos darle a la mujer el papel que se merece en el grafiti, que ha sido muy machista, hay que tenerlo claro”, dice Quintero, quien refiere que cuando se piensa en arte urbano, el imaginario colectivo lo relaciona siempre con hombres.

Entre las artistas que participan en la muestra se encuentra R, de Bogotá. Originaria de Zipaquirá, una localidad a la que describe como muy machista, conservadora y católica, que le hizo “cuestionar la autoridad y su papel frente a ello”.

Originaria de Zipaquirá, R es una artista colombiana que trabaja con stencil. Foto: Lylibeth Coloma

R, que no comparte su nombre, compone sus stencils a partir de collages de diversas fotografías.

Las formas de hacer arte urbano son muchas, pero hay algo que las une a todas: esa necesidad de expresar las críticas a una autoridad que intenta normar los comportamientos de la gente. Como decía Banksy: “La calle está en juego”.